Elecciones

En estos días mucho se está discutiendo sobre la llamada “Boleta Electrónica” o, como muchos prefieren llamar: “Voto Electrónico”.

Se discute si confiabilidad, su validez, si es mejor o no que el voto en papel, si es más sencillo o no que el voto común, etc.

Se han denunciado muchas anomalías sobre la implementación del mismo en la CABA y, convengamos que su implementación y, hasta, su imposición, han ayudado mucho a generar la desconfianza de muchos, entre los que me incluyo.

No voy aquí a explayarme sobre los defectos técnicos que tiene o puede tener el actual sistema implementado en la CABA, ya bastante se ha dicho sobre esto y hay, en la red, sobrados ejemplos y formas de mostrar (y demostrar) como puede, facilmente, ser vulnerado (o boicoteado) este sistema.

Personalmente creo que discutir y pelear respecto a como implementar el acto de la votación, ya sea en papel, papiro, internet, electrónico o a viva voz, no es la raíz del problema cuando hablamos de la confiabilidad del sistema.

Por el contrario, lo que más me preocupa de todo acto eleccionario es el sistema de recuento de los votos, el cual, de por si, ya está informatizado desde hace tiempo y, debido a la cantidad de votos y mesas en todo el país que deben ser controlados, es mucho más manejable, vulnerable y permeable al fraude electoral.

Da lo mismo que en la mesa se imponga un sistema “seguro” para votar si luego quién tiene a su cargo volcar los resultados individuales a los totales generales, invierte un número o selecciona un candidato distinto para adjudicarle (arbitrariamente, por ejemplo) una cantidad de votos fraudulenta.

Recuerdo que en la elección en la que fue reeligido el Dr. Califa Carlos Saúl I, un amigo taxista llevó a un pasajero hasta el Correo Central (doble monumento, primero al curro, de la mano de SOCMA y el gobierno de NCK y ahora, museo con el nombre de este último) y estuvieron discutiendo todo el viaje sobre si el soberano califa iba o no a ser reelegido, al final del viaje y mientras el pasajero pagaba y bajada del taxi, le dejó a mi amigo una frase reveladora: “no importa lo que digan ni a quién voten, el disquete lo tenemos nosotros“.

En síntesis, no importa que cada mesa diga que el resultado fue tal o cual, se pierde en el total general declarado, ya que ¿Quién o cómo se pueden cotejar esos datos generales contra los individuales de cada mesa?

Si alguien se tomara el trabajo de revisar cada acta de cada mesa del país, cada telegrama de cada mesa del país y luego generara los totales generales para cotejarlos con los “oficiales”, cuando terminara de hacerlo, el nuevo presidente ya estaría bien agarrado al sillón de Rivadavia y a nadie le importaría si hubo o no fraude.

Por ello, si bien me preocupa y me molesta que los políticos se empeñen en ir a contramano de lo que la gente quiere y necesite y que, estos manejos y desmanejos sean, hoy por hoy, producto exclusivo de la ambición económica (hacer negociados y llenarse los bolsillos), mucho mas me preocupa que no se discuta ni se preste atención a lo que pasa una vez que el voto ha sido emitido, la planilla ha sido confeccionada y los resultados han sido volcados al sistema informático general.

Es aquí donde se cocina todo, basta apretar unos pocos botones para dar vuelta un resultado, se podrán discutir actas mal confeccionadas, votos no contados, etc. pero, ¿Cómo se controla si 32 millones de votos han sido correctamente imputados, contados y verificados?

Es un todo, obviamente, que se pueda manipular el voto desde su misma emisión ya es un indicativo de que algo no está bien, porque, seamos honestos (toc, toc, ¿alguien honesto?), si quienes compiten por agarrar una papa hirviendo como lo es la República Argentina son capaces de hacer todo lo posible por ganar y hacerse cargo del despelote que dejan los que se van, significa que la vaca todavía tiene mucho para seguir siendo ordeñada.

Y, no nos engañemos, de todos los candidatos con más posibilidades (reales o ficticias) de salir ganadores en la contienda, ninguno de ellos tiene en su mente la intención de hacer algo bueno por nuestro país, al contrario, sólo buscar seguir haciendo lo que se viene haciendo desde un par de décadas, robar, mentir, corromper, destruir y reirse en nuestras caras, total, somos un pueblo que todo lo soporta.

SaludOS/2

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