LLegamos a la final ¿Y qué?

Exactamente eso, ¿Y qué?

Y que, como sociedad, lamentablemente no damos el mismo ejemplo que están dando 23 tipos que, seguramente tienen sus diferencias e ideas contrapuestas, pero que han dejado de lado toda ambición personal en pos de un objetivo común que, ganen o pierdan el próximo domingo, ya han cumplido ampliamente.

Por estos lares nada va a cambiar, seamos campeones o subcampeones. Si salimos campeones, se llenará de advenedizos que se subirán al carro de la victoria, llevarán a los 23 «gladiadores» a saludar al balcón y se mostrarán con ellos en clara señal de «nosotros logramos que esto pudiera pasar». Ya ha pasado antes, volverá a pasar, la historia es una seguidilla de repeticiones.

Si perdemos, los que se subirán al carro serán «los otros», los que aprovecharán la ocasión para «recordarnos» que no hemos ganado por culpa de aquellos que tienen tan mal a nuestro país.

Asi se pelean unos y otros día a día, como siempre ha sido a lo largo de nuestra historia, cuando nuestros ejércitos libertadores recorrían américa para expulsar a los colonizadores que aún quedaban en nuestras tierras, nuestros «gobernantes» les exigían que volvieran para combatir a un enemigo mas apremiante, «a los que pensaban distinto». Como podemos ver, nada ha cambiado en estos dos siglos de historia nacional.

¿No era que somos todos argentinos? ¿en que momento de la historia nos empezamos a olvidar de eso? ¿Cómo puede ser que una pelota de ¿cuero? sea lo único que nos una (y hasta por ahí nomás)?

En síntesis, desde hace muchos años que me hago la misma pregunta: ¿No hemos aprendido nada? Parece que no.

Señores y señoras, es solo fútbol. Un deporte, que puede o no gustarnos, solo un deporte. Creer que nuestra selección puede perder no es anti argentino, estar convencido que va a ser campeón del mundo no nos hace ser patriotas.

Para ser patriota se necesitan muchas otras cosas, mucho mas importantes que cualquier evento deportivo. Luchar el día a día, trabajar para que el país crezca, ser solidario con el prójimo, aceptar la palabra del otro que no piensa como uno, entenderse y negociar metas comunes, porque un país se contruye entre todos y no con uno o dos iluminados y un ejército de zombies siguiéndolos y otro ejército de mas zombies haciéndoles la contra.

Para ser patriota hay que ser humilde aunque uno sea consciente de cuanto vale. Darle a los demás su lugar e importancia. No abusar del poder, no robar, no mentir, no engañar, no buscar culpables entre los otros cuando algo sale mal, por el contrario, reconocer los errores, pedir ayuda y seguir luchando para mejorar las cosas.

Se que soy subjetivo cuando digo esto y lo reconozco, pero entiendan una cosa. Hace 32 años, mientras volvía, juntos con otros, a mi casa, llorando a compañeros que no iban a volver, a amigos y camaradas que no iba a ver nunca mas, encontré a un pueblo absorto frente a un televisor mirando un mundial de fútbol, gritando su patriotismo mientras le daba la espalda a miles de soldados que lucharon y dejaron su vida por este país.

Entonces, repito, estamos hablando de un deporte ¿De que patriotismo me hablan?

Como argentino que me gusta el deporte, quiero que la selección sea campeona, tuve mis dudas sobre su rendimiento (siempre hablando en el aspecto deportivo), pero, a medida que pasaron los partidos, empecé a sentirme con mas fe, y a pensar que la copa no es una utopía, esta ahí nomás, a los alemanes les podemos ganar y bien.

Pero, haber tenido mis dudas, pensar en algún momento que podíamos sufrir alguna goleada y sufrir con eso no me hace ni antipatriota ni menos argentino que un barra brava que se cuelga del alambrado y grita a rabiar su sentimiento «patriótico».

El lunes, ya campeones (si jugamos como hoy, seremos campeones, lo firmo ya), nada va a cambiar en mi vida ni en la del resto de los argentinos. Debermos volver al día a día (mas felices, seguro, pero ¿por cuanto tiempo?), a luchar el pan, a recibir facturas con aumentos, a mirar por encima de los hombros cuando caminamos por una calle oscura, a tener miedo al subir a un tren pensando que es nuestro último viaje, a mirar con tristeza como se insultan entre compatriotas por el solo hecho de pensar distinto y ver como, de a poco, nos vamos alejando de la construcción de una sociedad y nación mejor.

Quizás, si en vez de festejar los goles del campeón, nos miramos un poco frente al espejo, miramos a esos 23 argentinos con una causa común y una fuerza y unión envidiables, podamos aprender algo para poder mirar el futuro con la frente en alto. No para nosotros, sino para nuestros hijos y los hijos de nuestros hijos.

SaludOS/2

 EDICION: quiero agregar este enlace del blog Repíblica Unida de la Soja, que plantea el mismo tema desde otra óptica y, junto a que lo he expresado en este artículo, creo que redondea perfectamente una idea.

Una respuesta a “LLegamos a la final ¿Y qué?”

  1. Excelentes palabras DAX.
    A mi nunca me intereso el mundial y de hecho no miro los partidos, no creo que represente la union de los argentinos, sino un simil de union.
    ¿Porque nos juntamos, gritamos, cantamos y nos ponemos felices o tristes por un partido cuando hay muchas otras cosas REALES que si nos deberían afectar?

    El futbol es un negocio, y gran parte de la población argentina es cliente.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*

*

 

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.