Mensajero

En estos días, una amiga trasandina compartió conmigo un texto del libro “Los nueve libros de la historia” de Heródoto. Si bien, su intención fue relacionarlo con un hecho ajeno a lo que voy a decir, leyendo y releyendo ese texto y el análisis del mismo que hizo mi amiga, mi mente voló raudamente a la historia de nuestro país y sus cíclicos vaivenes políticos y sociales.

Para empezar, primero, veamos el texto en cuestión y el posterior análisis de mi amiga:


“Por cierto, que (los getas) se creen inmortales,entendiendo por tal lo siguiente: piensan que no mueren, sino que, a la hora de morir, van a reunirse con Salmoxis, un ser divino (algunos de ellos, sin embargo, denominan a este mismo ser Gebeleizis). Cada cuatro años despachan en calidad de mensajero, para que se entreviste con Salmoxis, a aquel miembro de su pueblo que en dicha ocasión resulte elegido por sorteo y le encargan lo que, según el momento, necesitan. Y he aquí cómo lo envían: los encargados de este menester sostienen tres venablos, en tanto que otros cogen de las manos y de los pies al que va a ser enviado a entrevistarse con Salmoxis; y, tras haberlo balanceado en el aire, lo echan sobre las picas. Si, como es lógico, muere al ser atravesado, consideran que la divinidad les es propicia; pero si no muere, llenan de denuestos al mensajero en cuestión, afirmando que es un ser malvado; y, tras sus denuestos a dicho sujeto, envían en su lugar a otra persona, dándole sus encargos mientras todavía se halla con vida.”

Este pasaje se refiere cuando Darío va contra los escitas, y relata Herodoto un ritual de los getas. Zalmoxis es el Dios de pueblo daco-gético, quienes no tenían ni creían en adorar en templos, con sacerdotes o sobre una religión institucionalizada, sino manifestada en sus rituales.

El mensajero entre el mundo terrenal y Zalmoxis, es problamente un ser iniciado, pero no se tienen antecedentes certeros de ello. Lo importante (para mi) es como se extrapola la comunicación a la divinidad a través de un sacrificio. El mensaje hacia su Dios, está basado en el sacrificio, la emolación y me pregunto, como llevamos eso en la actualidad, donde nuestro decir, ser y comunicar, sacrifican al mensajero interno, para descifrar el sentido de nuestras relaciones con otros/as. El lenguaje y el escrito se vuelven en ritual del sacrificio, de lo que podemos decir y lo que debemos callar y tantas veces, sucede, que en un escrito, se sacrifica el corazón de lo que se siente y piensa, para dar paso al lenguaje divino que viste a la palabra de poder y destino.


Pues bien, es interesante este análisis y, pensando en el, lo primero que viene a mi mente es que, en nuestra historia política, muchas veces, distintos gobiernos han recurrido a este método de la palabra divina, en donde, se elige al mensajero adecuado para que se inmole en nombre de la causa, que no es, ni mas ni menos, que difundir las bondades de un regimen, una visión parcializada de la realidad o, como vemos actualmente, una reescritura de la historia pasada y presente.

En la actualidad, hemos visto (y seguimos viendo) a múltiples mensajeros inmolarse en el altar del mensaje, del relato dirían algunos, del dogma, dirían otros. Pero, lo importante aquí es que no es nada nuevo, otros lo han hecho y otros lo harán, entonces, es cuando nosotros, los ciudadanos de a pié, tenemos la obligación de detectar estos mensajes para no caer en el dogmatismo y entregar nuestra alma a los distintos demonios que pueblan nuestra sociedad. Y aquí hablo de todos, no solo de gobiernos, sino también de medios, figuras destacadas, filósofos de opereta, pensadores de nochebuena y periodistas de oficina.

SaludOS/2

 

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